Aunque la carrocería del C3 Aircross es alta, con 1.753 mm (incluyendo barras de techo), se ubica entre los 1.679 mm del EcoSport y los 1.814 del Idea Adventure. El Citroën compensa esta relación respecto del ancho (1.730 mm) con una larga distancia entre ejes de 2.540 mm, superior a los 2.490 mm del Ford y los 2.510 mm del FIAT.
Todo lo anterior, especialmente los 8 cm ganados en la plataforma respecto del C3, le proporcionan al Aircross un correcto cuadrilátero de apoyo. En la práctica se traduce en una buena estabilidad, transmitiendo la misma sensación de las berlinas de su renglón, tanto en lo derecho cómo en curvas amplias.
En lo trabado, si bien el torque disponible no le hace apuntar la trompa hacia fuera, el rolido obliga a ser moderado con el acelerador. La inclinación de la carrocería es pronunciada, pero lógica para un vehículo con el confort, despeje elevado y la altura del C3 Aircross. La dirección algo desmultiplicada -con 3.5 giros de tope a tope- destinada a evitar maniobras bruscas, es un buen indicador de lo antes dicho.
A 120 km/h reales, unos 125 del velocímetro, el tacómetro indicó 3.750 rpm, marcando el punto donde la buena insonorización de la cabina comienza a ceder en la pulseada con la mecánica. A esta velocidad es sensible a las ráfagas de viento, de no ser así, mantiene la línea sin mayores esfuerzos del conductor.
En resumen, el comportamiento en ruta del C3 Aircross confirma que no ha sido proyectado para hacerse el Sébastien Loeb; en su lugar se trata de un vehículo destinado a disfrutar pequeñas aventuras y escapadas en confortables con la familia.
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