Medir la rumorosidad en un auto no es tarea fácil. En primera instancia no debería serlo, solo se debe colocar un instrumento que cuantifique decibeles. Pero el nivel de ruidos varía según el tipo de asfalto, que a su vez puede cambiar en un mismo tramo de ruta. Además, no solo se trata de la cantidad de ruido, también del tipo de sonidos y frecuencias, ya que algunas suelen ser más molestas y otras pasar inadvertidas.
En el caso del Fiesta Kinetic Design, como sucede con los autos fabricados en Méjico y unos pocos modelos en Argentina, el nivel de insonorización se aproxima a la de los autos importados.

Basta con levantar el capo para observar en su contracara el material para esa función, cuya presencia, como la punta de un iceberg, indica que seguramente se ha aplicado material absorbente en otros espacios ocultos de la carrocería.
De todas maneras cuando el viento aumenta la exigencia “antisonora”, o sea: cuando se acelera en ruta, se filtran ruidos. Esto podría ser consecuencia de los perfiles que definen la forma del modelo ya que el Cx de 0.33 anunciado por Ford es muy bueno para este tipo de vehículos. A altas velocidades, se sentía un silbido proveniente del techo, problema que esperamos haya sido puntual de nuestra unidad.
Otra instancia similar sucede por encima de las 5.500 rpm, cuando el sonido del motor invade la carrocería, pero es común a casi todos los autos. Siempre hablando en términos de rumorosidad, una 6ta marcha aliviaría al motor, aunque resulta silencioso a velocidades legales y no pierde mucho la compostura al superarlas.
Día 21 – Vacaciones con el nuevo Fiesta (parte 3 – Regreso a Buenos Aires)
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